En
la antigua Roma,
un cliente
era alguien (generalmente un liberto) que dependía de un
benefactor que resultaba necesario para
quien no podía de forma legal alcanzar la ciudadanía,
un derecho
reservado inicialmente a los Patricios.
En
la actualidad, nuestros clientes son nuestra razón de ser
y el motivo por el cual nos dedicamos y evolucionamos.